15 de febrero de 2020

Mamá…

Cuando entré hace años al convento, hubo algo que llamó poderosamente mi atención. Después de una charla con la Madre, me quedé rumiando sus palabras: “Aquí hay un órgano que toca melodías constantemente”. Yo pensé que se refería a mi corazón, que yo podía ser el órgano particular que canta al Señor, y en parte no me equivocaba, pero mi verdad era una verdad a medias. Sí que estamos llamadas a ser música de Dios, una alabanza… pero solas nada podemos hacer y vamos juntas.

Tardé algún tiempo en comprender que todas, formamos un único corazón que unido al de Cristo, alaba al Padre. Es parte de nuestra vocación ser alabanza, curar con amor, las heridas, que la indiferencia y el olvido causan en el Corazón de Dios. Así que juntas formamos una unidad indivisible, más fuerte y empoderada con Dios, para enfrentarnos a la tentación. NUESTRA MISIÓN AQUÍ, ES CONSOLAR Y AMAR EL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Yo