Haciendo un ejercicio de imaginación, un juego totalmente irrelevante, aquí y ahora entre nosotras y tú… ¿Cómo sería San Francisco de Asís en nuestros tiempos?.
Teniendo en cuenta su historia biográfica, le podríamos ver en la casa de sus padres, estos, acaudalados empresarios del sector textil de una gran marca importante. Sería un joven al que le gustaría salir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música, sin importarle mucho los negocios o el estudio, pero con la gran cualidad de la generosidad ¡Sin duda!, haciendo cuantos favores pudiera a las personas más desfavorecidas o sin recursos. ¡Dios no lo quiera! Pero de estallar algún conflicto político-social allí estaría en primera fila, sin mucha suerte, lo más probable es que le cogieran preso los enemigos estando temporalmente encarcelado, tiempo que aprovecharía para sus pensamientos y reflexiones importantes de la vida.

Tras esta coyuntura y de un nuevo intento por unirse al ejército, volvería inmediatamente a su ciudad con los suyos, pero no a llevar la vida anterior de diversión y despreocupaciones, sino a un nuevo estilo de oración acerca de su futuro. Las personas que lo conociesen de antes murmurarían entre ellos, algunos dirían unas cosas mientras otros, los más cercanos le preguntarían si es que está enamorado. Él respondería quizás o no, con otras palabras esto mismo:
“Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y pura y santificadora que existe”.
Dejando sin hacer saber a todos los interesados, a que se refería realmente.

Vería a tantas personas sin hogar por las calles, a tantas familias con necesidad, falta de trabajo o trabajo precario, que rápidamente vería en todos ellos su forma de vivir, más cerca de la que vivió Jesús: pobre.

Tendría una segunda vivienda en la playa que vendería, varios coches caros, relojes, joyas y demás, todo en beneficio de los que no tienen medios.
Visitaría a los enfermos en hospitales y haría voluntariado en alguna organización social. Vestiría seguramente de una forma nada correcta para la sociedad, no llevaría zapatos caros ni pantalones de diseño, y esto levantaría juicios de valor entre sus vecinos. Seguramente iría acompañado de uno o dos perros y por qué no de alguna golondrina en vuelo. Haría retiros donde encontrarse íntimamente con Dios, y sería capaz de irse hasta la mismísima Gaza en Afganistán, a evangelizar a quien hiciera falta. Sería compositor y poeta, cantante para Dios al que oiríamos recitar sus alabanzas por nuestras calles.

¿Estamos preparados para tener a un San Francisco actual entre nosotros?.
¿Seríamos capaces de no juzgar y respetar su amor?.